INTRODUCCIÓN

 

El presente trabajo sobre "La Concepción materialista de la historia" fue escrito por Plejánov (1856-1918) que fue quien inició en Rusia la propaganda y la defensa de las ideas marxistas. En sus trabajos "El socialismo y la lucha política", "Nuestras discrepancias", " Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia" y otros, Plejánov hizo una crítica brillante de los conceptos erróneos de los populistas rusos que afirmaban que en Rusia el capitalismo constituía un fenómeno "casual", que no seguiría desarrollándose ni, por consiguiente, seguiría creciendo y desarrollándose el proletariado; que soñaban con lograr el socialismo, sin el proletariado, considerando que la principal fuerza revolucionaria eran los campesinos, dirigidos por los intelectuales, y que la comunidad agraria era la base del socialismo. Sin embargo, al asestar golpes demoledores al populismo y dar muestras de una gran maestría en la exposición de la teoría marxista y de su aplicación a la realidad rusa, Plejánov no pudo comprender la necesidad de la creación de un partido de nuevo tipo capaz de ponerse al frente de la lucha revolucionaria del proletariado en la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias.

 Plejánov no se elevó a la altura de los problemas de la época contemporánea. Después de 1903, Plejánov se deslizó hacia la charca menchevique y oportunista y propagaba ideas propias de los ideólogos de la Segunda Internacional y del menchevismo ruso. Pero esto no significa que debamos ignorar sus primeros trabajos, Lenin, refiriéndose a Plejánov, escribió: "Sus méritos personales en el pasado son enormes. En el transcurso de veinte años, desde 1883 hasta 1903, ha escrito muchas obras magníficas". Y, en verdad, trabajos como "Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia", "El papel del individuo en la historia", "La concepción materialista de la historia", siguen conservando toda su importancia.

Al lector contemporáneo es necesario decirle que muchas de sus obras Plejánov las escribió para las ediciones sujetas a la censura, por eso, tenía que recurrir al lenguaje esópico. No podía emplear el término "marxistas" y decía "los discípulos". No siéndole posible nombrar a Marx, se veía obligado a decir: "el conocido economista alemán". Incluso a su trabajo teórico principal sobre el materialismo histórico, y a fin de desviar la vigilancia de la censura, Plejánov le tuvo que poner por título: "Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia". En las observaciones damos la explicación de las frases convencionales.

(Essais sur la conception materialiste de I'histoire, par Antonio Labriola, professeur á I'Université de Rome, avec un préface de G. Sorel. París, 1897). Reconocemos que cogimos el libro del profesor de la Universidad de Roma, con no poca prevención: estábamos amedrentados por las obras de algunos compatriotas suyos, por ejemplo. A. Loria (ver principalmente su libro "la teoría económica della constituzione política"). Pero ya las primeras páginas del libro nos convencieron de que no teníamos razón, que una cosa era Loria y otra Antonio Labriola. Y cuando llegábamos al final, nos embargó el deseo de hablar de él con el lector ruso. Confiamos en que éste no se quejará de nosotros por esto. ¡Son tan raros los libros buenos! la obra de Labriola apareció primero en italiano. La traducción francesa es pesada y, a veces, francamente mala, lo decirnos con plena seguridad, aunque no tenernos a mano el original italiano. Pero el autor italiano no puede responder por el traductor francés.

En todo caso, las ideas de Labriola son claras, incluso en la pesada traducción francesa. Veamos que tal son. El señor Kareiev, que como es sabido, lee con el mayor empeño y tergiversa con extraordinario éxito toda "obra" que tenga la menor relación con la concepción materialista de la historia, situará a nuestro autor con toda seguridad, en el campo. del "materialismo económico". Esto no será exacto. Labriola se mantiene firme y bastante consecuente en la concepción materialista de la historia; pero no se considera "materialista economista". El cree que semejante título es más aplicable a escritores como el conocido T. Rogers, que a él y a los que como él piensan. Y esto es mucho más exacto, aunque a primera vista, quizás no sea del todo comprensible. Preguntad a cualquier populista o subjetivista qué es un materialista economista Responderá que es un hombre que en la vida social atribuye al factor económico una importancia predominante. Así entienden el materialismo económico nuestros populistas y subjetivistas. Y es preciso reconocer que hay indudablemente quienes atribuyen al "factor" económico un papel predominante en la vida de las sociedades humanas. El señor Mijailovski, ha mencionado más de una vez a Luis Blanc, el cual hablaba sobre el predominio de dicho factor mucho antes que el conocido maestro[1] de los conocidos discípulos rusos.[2] Una cosa no comprendemos: por qué nuestro venerable sociólogo subjetivista ha parado su atención en Luis Blanc.

Él debería saber que, en el aspecto que nos interesa, Luis Blanc, tenía muchos precursores, Guizot, Mignet, Augustín Thierry y Tocqueville reconocían el papel predominante del "factor" económico, por lo menos, en la historia, de la Edad Media y de los tiempos modernos, Por tanto, todos esos historiadores eran materialistas economistas. En nuestros tiempos también, T. Rogers, antes mencionado, en su libro "The economic interpretation of history" se ha declarado materialista economista convencido, también ha reconocido la importancia predominante del "factor" económico. De eso, naturalmente, no se deduce aún que las concepciones político-sociales de T. Rogers, sean idénticas a las concepciones de Luis Blanc.

Por ejemplo, Rogers, se ha mantenido en el punto de vista de la economía burguesa, mientras que Luis Blanc, fue en otro tiempo, uno de los representantes del socialismo utópico. Si ustedes preguntaran a Rogers, que es lo que él piensa del régimen económico burgués, les respondería que la base de este régimen son las cualidades inherentes a la naturaleza humana, y que, por eso, la historia de la aparición de este régimen consiste en una eliminación gradual de los obstáculos Que anteriormente dificultaban la manifestación de dichas cualidades o que, incluso, la hacían imposible.

En cambio, Luis Blanc, declararía Que el propio capitalismo es uno de los obstáculos levantados por la ignorancia y la violencia en el camino de la creación de un régimen económico, Que corresponda, por fin, realmente a la naturaleza humana. Esto, como ven, es una divergencia fundamental. ¿Quién resultaría estar más cerca de la verdad? hablando con franqueza, creemos que los dos escritores estaban por igual lejos de ella; pero nosotros aquí no queremos, no podemos. detenernos en esto, lo que por el momento nos importa es otra cosa muy distinta.

 Rogamos al lector tomar nota de que tanto para Luis Blanc, como para Rogers, el factor económico, predominante en la vida social era de por sí, como se diría en términos matemáticos, función de la naturaleza humana y principalmente, de la inteligencia y del conocimiento humano. Lo mismo cabe decir de tos historiadores franceses de la época de la Restauración antes citados. Ahora bien ¿cómo calificar la concepción histórica de quienes aún afirmando que el factor económico domina en la vida social, al mismo tiempo están convencidos de que este factor, es decir, la economía de la sociedad, constituye a su vez, el fruto del pensamiento y del conocimiento humano?

Una concepción tal no puede ser calificada de otro modo que de concepción idealista. De lo que se deduce que el materialismo económico por sí solano excluye al idealismo histórico. Incluso esto no es todavía del todo exacto; decimos: por sí solo no excluye al idealismo, pero habría qué decir: es posible que hasta hoy no haya sido con frecuencia más que una variedad del idealismo. Después de lo expuesto se comprende que hombres como Antonio Labriola, rechacen el calificativo de materialistas economistas; precisamente porque son materialistas consecuentes y precisamente porque, desde el punto de vista histórico, su concepción es diametralmente opuesta al idealismo histórico.

"Sin embargo, —nos dirá, quizá, el señor Kudrin—, ustedes, siguiendo la costumbre propia de un gran número de "discípulos", recurren a paradojas, a juegos de palabras, a ardides, a malabarismos.

Para ustedes, los idealistas resultaron ser materialistas economistas. Pero, en ese caso, ¿cómo llamarían a los materialistas verdaderos y consecuentes? ¿Es posible que ellos rechacen la idea del predominio del factor económico? ¿Es posible que ellos reconozcan que al lado de éste actúan en la historia otros factores también y que sería inútil que nos pusiéramos a indagar cuál de ellos domina sobre los otros? Si los materialistas verdaderos y consecuentes no se sienten inclinados, realmente, a introducir en todas partes el factor económico, no podemos menos de alegrarnos de esto.

Nosotros responderemos al señor Kudrin, que los materialistas verdaderos y consecuentes no están, en realidad, inclinados a introducir en todas partes el factor económico, Incluso, la misma cuestión de saber qué factor predomina en la vida social, les parece una cuestión desprovista de fundamento. Pero que no se apresure a regocijarse el señor Kudrin.

Los materialistas verdaderos y consecuentes no llegaron a esa conclusión influenciados por los señores populistas y subjetivistas.

Los materialistas verdaderos y consecuentes no pueden menos de reírse de las refutaciones que esos señores hacen de la idea del predominio del factor económico.

Además, los señores populistas y subjetivistas han llegado tarde con sus refutaciones. Ya a partir de Hegel, era del todo patente la inoportunidad de la cuestión del saber qué factor predomina en la vida social. El idealismo hegeliano excluía la posibilidad misma de semejantes cuestiones. Con tanta mayor razón la excluye el materialismo dialéctico contemporáneo.

Desde que apareció la "Crítica de la crítica" y, especialmente, desde la aparición del conocido libro "Kritik der Politischen Ökonomie" (Contribución a la crítica de la economía política) solo gente rezagada en el terreno teórico, podía ponerse a discutir respecto a la importancia relativa de los diversos factores históricos.

Sabemos que nuestras palabras no sorprenderán sólo al señor Kudrin y por eso nos apresuramos a explicarnos. ¿Qué son los factores histórico-sociales? ¿Cómo surge la idea de estos factores? Acudamos a un ejemplo. Los hermanos Gracos, aspiran a detener un proceso desastroso para Roma; el acaparamiento de las tierras públicas por los romanos ricos. Estos resisten a los Gracos. Se entabla la lucha. Cada bando combate con ardor por sus objetivos.

Si yo quisiera describir esa lucha, podría presentarla como una lucha de las pasiones humanas. Estas aparecerían, de ese modo, como "factores" de la historia interior de Roma. Pero tanto los Gracos como sus adversarios recurrían en su lucha a los medios que les proporcionaba el derecho público. Yo, naturalmente, no me olvidaré de ello en mi relato y, de ese modo, el derecho público romano resultará también un factor del desarrollo interior de la República romana.

Hay más, los hombres que luchaban contra los Gracos estaban materialmente interesados en que persistieran los abusos, que habían arraigado profundamente. Los que apoyaban a los Gracos, estaban materialmente interesados en la supresión de estos abusos.

También señalaré esta circunstancia, merced a la cual la lucha descrita por mí aparecerá como una lucha de intereses materiales, una lucha de clases, una lucha de pobres contra ricos. Por consiguiente, ya tengo un tercer factor, y esta vez el más interesante: el famoso factor económico.

Si tiene tiempo y lo desea, querido lector, puede discurrir largamente sobre el siguiente tema: ¿cuál de los factores del desarrollo interior de Roma dominaba, precisamente, sobre todos los otros? En mi relato histórico, encontrarán suficientes datos para apoyar cualquier opinión a este respecto. Por lo que a mí se refiere, no iré por el momento más allá de mi papel de simple narrador. No vaya acalorarme a cuenta de los factores. Su importancia relativa no me interesa.

Como narrador, no necesito más que una sola cosa: presentar los acontecimientos de la forma más viva y exacta posible. Para eso debo establecer cierta hilación entre ellos, aunque solo sea externa, y disponerlos en una perspectiva determinada. Si menciono las pasiones que agitaban a ambas partes en lucha o el orden imperante entonces en Roma o, por último, la desigualdad patrimonial reinante en ese régimen, lo hago únicamente en interés de una exposición viva e hilvanada de los acontecimientos.

Logrado este fin, me sentiré completamente satisfecho, e indiferente, dejaré que los filósofos resuelvan si son las pasiones las que predominan sobre la economía o ésta sobre aquéllas, o, por último, si nada predomina sobre nada, ya que cada "factor" sigue esta sabia ley: "Vive y deja vivir a los demás". Será así, siempre que yo no me aparte del papel de simple narrador, ajeno a toda inclinación de "sutilezas".

Pero ¿qué sucederá si no me limito a ese papel, si me pongo a filosofar a propósito de los acontecimientos que describo? En tal caso ya no me limitan a la simple hilación exterior de los acontecimientos; en tal caso, desearé descubrir sus causas interiores, yesos mismos factores —las pasiones humanas, el derecho público, la economía— que antes yo subrayaba y destacaba, guiado casi únicamente por el instinto artístico, adquirirán ante mis ojos una nueva y enorme importancia. Se presentarán ante mí, precisamente como esas causas internas que yo buscaba precisamente como las "fuerzas ocultas" a cuya influencia se atribuyen los acontecimientos. Crearé la teoría de los factores. Una u otra variedad de esa teoría debe surgir, en efecto, allá donde las gentes que se interesan por los fenómenos sociales pasan de una simple contemplación y descripción de los mismos, al estudio de la hilación existente entre ellos.

 

[1] Carlos Marx

[2] Marxistas rusos

 

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